“Hablemos de espejos”, es lo primero que digo cuando el tranquilo Jorge descuelga su teléfono. “Mejor escribe sobre ello.” - responde tranquilamente el tranquilo Jorge. “Ya lo leeré más tarde. En estos momentos estoy ocupado…” Cuelgo sin esperar a que el tranquilo Jorge termine tranquilamente su frase. De sobras sé lo que viene a continuación: “ocupado con asuntos importantes.” No crean que el tranquilo Jorge se enfadará por ello. A decir verdad, el tranquilo Jorge toma mi gesto como un signo de amabilidad y de comprensión hacia él.
Así que escribo. Escribo para ordenar mis ideas y escribo para mis amigos. Esos cuyos rostros van palideciendo y desfigurándose no a causa de la distancia sino, más bien, a causa de la edad. Es el corazón el que nos ha mantenido unidos hasta ahora, pese a la lejanía que siempre nos ha separado. Es el corazón el que todavía nos mantiene unidos. Sin embargo, nuestras almas se encaminan en dirección a la soledad que la vejez requiere, casi exige. No me pregunten por qué es así. Es sencillamente así. Ninguno de nosotros es todavía un anciano, pero a partir de los sesenta y por mucho que se repita que los sesenta son los nuevos cuarenta y que algunos incluso lo crean y pretendan seguir los códigos de “la eterna juventud” a base de fórmulas varias, lo cierto es que nos encontramos en el umbral del camino en el que los cabellos se tornan grises y en el que uno adquiere por vez primera conciencia del significado real de aquello que aprendíamos en nuestros libros de latín: “mens sana in corpore sano.”
Nos miramos en el espejo buscando el joven que fuimos. Nos contemplamos sopesando si somos lo que fuimos o algo distinto. Buscamos una línea de continuidad en el rostro que aparece ante nosotros y lo único que acertamos a ver son rasgos desconocidos. A la sinceridad de mi progenitor, - que desde pequeña resolvió enfrentarme a la realidad real: la de que yo tenía cara de vieja -, he de agradecer que ahora no me preocupen demasiado los cambios que el espejo me revela. La suerte de Carlota, mi amada hada, es que su belleza, al igual que ella, es eterna. A qué negarlo: su estrella no es mi estrella. La suya tiene puntas afiladas que, cuando se enfada, pueden atravesarle a uno el alma hasta conseguir hacer fluir su éter a borbotones. La mía, en cambio, es robusta y asesta mazazos a diestra y siniestra. La luz de la estrella de Carlota es brillante, como la del sol naciente. La de la mía es intensa, como la del sol sangrante antes de ceder el paso a la noche oscura. Separadas somos Deméter y Perséfone. Juntas, el mundo resplandece. Los kilómetros nos separan. La amistad nos acerca. La última vez que nos ocupamos del tema de la edad, su comentario fue la refracción de su rostro: claro y diáfano. “Ah, Isabel, a partir de ahora lo único importante es la personalidad. Todo lo demás puedes olvidarlo”. Y voló graciosamente a otra flor, a otro tema, a otra conversación. Con la ligereza que sólo un alma de hada posee. Fue entonces cuando comprendí las palabras de mi amiga: el verdadero reflejo de aquello que hemos llegado a ser, de aquello que somos, no es el espejo. El verdadero reflejo de aquello que hemos llegado a ser, de aquello que somos, es la construcción de una vida: la nuestra. El reflejo de nosotros mismos cambia a medida que nuestra construcción se desarrolla. La imagen que de nosotros aparece en el espejo nunca puede dar cuenta de nuestro yo. Quizás al principio, quizás en la adolescencia, cuando todavía no hemos empezado a edificar, cuando quizás ni siquiera tenemos un plan, cuando ni siquiera hemos decidido dónde asentar los cimientos. Y por eso los jóvenes se miran y remiran en los espejos. Esperando que su reflejo les muestre más allá de su simple superficie, buscando en la contemplación de sí mismos la fuerza interior que necesitan y de la que muchas veces dudan. Cuando los viejos se miran en el espejo es distinto. Los viejos buscan en la imagen anhelando encontrar aquello que una vez fueron.
Espejos: revelación para unos; maldición para otros. Para los narcisos de este mundo, constatación de su propia belleza; Para las Alicias, intrépidas y curiosas, puertas de entrada a otros mundos. Los estudiosos de la Filosofía especulativa consideran el espejo como el símbolo del reflejo del “arriba como abajo”. En cambio, en lo más profundo del pensamiento esotérico, el espejo se torna, a veces, en el negativo de una fotografía.
Reconozcamos la sabiduría de aquellos esotéricos que obligan al individuo a pensar, a reflexionar, a determinar cuándo la imagen es reflejo del Cosmos y cuándo inversión.
No sólo en Filosofía Hermética se descubre el peligro que encierran los espejos. Una vez conocí a una de esas personas que están seguras de estar en posesión de la verdad absoluta, - donde verdad absoluta significa que el hombre es únicamente materia, cuerpo animal cuya evolución puede ser acelerada gracias a la tecnología -, que el niño se reconocía en el espejo como persona a la temprana edad de tres años. También los perros y los gatos se reconocen en el espejo, aseguró. La felicidad que le proporcionaba escuchar sus propias palabras sacadas de algún sesudo estudio científico que equiparaban a niños de tres años con perros y gatos me fascinó por unos segundos. Pero compréndanme: soy una bruja acompañada de la luz de una estrella.
¡Ah!, le comenté alegremente, ¡qué tema más interesante el de los espejos! Hay hombres delgados que en el espejo se reconocen como gordos y gordos que se ven a sí mismos como sílfides; personas bellísimas que en los espejos se descubren horrorosas mientras que tortugas, como yo, al contemplarnos en el espejo encontramos un “no sé qué” en nuestras facciones. ¡Qué bien que los niños, los perros y los gatos se reconozcan en los espejos!
En ese preciso instante la conversación finalizó abruptamente.
Durante cuatro años he estado elucubrando por qué diantres alguien que comentaba con tanto convencimiento la importancia del reconocimiento que experimentan niños, perros y gatos de sí mismos al reflejarse en los espejos para equipararnos como animales, optó por el silencio y no volvió a sacar nunca más el tema.
Estuve escudriñando una explicación que me permitiera comprender la actitud de aquella persona. Conociendo como ustedes conocen mi propensión al asombro, comprenderán que su reacción me sumiese en la más absoluta estupefacción.
Ironía de ironías, todo es ironía.
Admito que una mula, como esa que soy yo, jamás negará su pertenencia al mundo animal. Pero ¡hombre! ¡seamos justos con nosotros mismos!: Afirmar nuestra condición terrenal no implica negar nuestra conexión con el mundo anímico y divino. Vamos, digo yo. ¡Ah! La justicia. Sobre esto volveremos más adelante.
Fue Carlos el misántropo quién me liberó del estado de perplejidad en el que me hallaba. Él todavía ignora que me proporcionó la clave para solucionar el puzle. De saberlo clamaría que no era ni su intención ni su deseo. No mentiría. Carlos simplemente estaba lamentándose de las impertinencias humanas y preguntándose – retóricamente, muy probablemente - por qué él, precisamente él, atrae a los más impertinentes de este mundo. “Cuestión de equilibrio cósmico”, respondí sin prestarle demasiado atención. A un misántropo como Carlos el misántropo las personas en general le resultan insufribles. En un momento como el actual, en el que se reviste a la barbarie de dignidad y justicia, y a la incultura la denominan igualdad y criterios de mercado, soportar a sus congéneres debe exigirle un enorme esfuerzo. Pese a todo, Carlos el misántropo es uno de los médicos más brillantes y más humanos que conozco. Su fortaleza espiritual, su energía interna es tan elevada, que puede atravesar el valle de los volcanes sin quemarse, sin ni siquiera enrojecer a causa de las altas temperaturas. Carlos Saldaña es, no me cabe la menor duda, uno de esos arcángeles que Dios envía al mundo a fin de que este mundo atempere su brutalidad. Tantos años de esfuerzo han tornado los rizos oscuros de su cabello en blancas ondas de mar; su vitalidad, en cambio, se ha mantenido inquebrantable.
Volviendo al punto que nos ocupa: a pesar de ignorarlo, Carlos el misógino fue el que, al relatarme los nuevos desafíos al que los otros especímenes de su propia especie le retaban a diario, me tendió la clave del asunto que tanto me intrigaba.
Este artículo es el resultado de mis indagaciones.
Tal y como a mí se me presenta la realidad de nuestros días, el pluralismo que las diversas corrientes ilustradas han reivindicado a través de la Historia, incluso antes de que se calificara a una época concreta con ese nombre, el de Ilustración, ha sido fragmentado en puntos inconexos e incoherentes con la pretensión de hacer desaparecer los puntos en comunes entre los contrarios que tradicionalmente son los que han permitido el diálogo, la conversación, en sociedades plurales, tolerantes, educadas y formadas. Al menos, en los círculos más selectos de esas sociedades.
Consiguientemente las ciencias mismas han sido igualmente fragmentadas. No me refiero a la Filosofía. Hace siglos que la Filosofía se arrastra hecha añicos. Me refiero a la física. La física cuántica ha sido escindida en física cuántica-metafísica, física cuántica-ciencia ficción, física cuántica-esotérica, física cuántica-psicología, física cuántica financiera, física cuántica política… Lo mismo puede decirse de otras disciplinas científicas, como la biología. Reitero lo ya dicho en otros artículos: habitar un universo aristotélico en constante movimiento y un universo cuántico en constante combinación ofrece grandes posibilidades de divisiones, primero, y de quiebras insalvables, después.
A los fragmentos más grandes que han sobrevivido a esa fracturación se les suele denominar “círculos polares”. “Círculos”, no lo olvidemos, que, pese a sus ingentes medidas, se caracterizan por ser fragmentos quebrados en puntos inconexos en su interior. “Círculos”, sin embargo, empeñados en moverse con la fuerza centrípeta necesaria para atraer a cada ente en movimiento fuera de ellos a fin de ofrecer al observador la impresión de colosal, ya que no de unidad. Es ese deseo de atraer por lo que se conoce bajo el nombre de “Círculos Polares” no por norte y sur sino por polarizadores. Una de las primeras tareas a las que cada uno de esos círculos dedicaron sus energías consistió en lograr aumentar su fuerza centrípeta.
Cada uno de esos “círculos” sueña con convertirse en una unidad única. Cada uno de esos círculos pretende hacer de esos puntos inconexos que están en su interior “gotas”, “robots”, “hombres evolucionados de forma acelerada”, “clones”. Le otorguen el nombre que le otorguen, cada uno de esos términos encierra un eufemismo a fin de ocultar el estado de desunión intrínseco en el que se halla el interior del fragmento. Por tanto, el primer deseo al que se encaminan los esfuerzos de esos “círculos” consiste en superar dicho estado. La idea de la que parten es la siguiente: aunque la pluralidad -como axioma primero, esto es: como unidad constituyente de la sociedad - se haya quebrado y que al menos en un futuro próximo sea imposible recuperarla es factible alcanzar el objetivo de dar la impresión, crear la apariencia de pluralidad, a base de convertir cada fragmento resultante de la pluralidad quebrada en una unidad con consistencia propia, de modo que haya de ser reconocida y respetada como tal por los otros fragmentos de aquella primera pluralidad.
No obstante, ese primer objetivo de ofrecer la apariencia de normalidad a partir de la existencia de los fragmentos, que creaba la ilusión de que la pluralidad seguía intacta fue sustituido por otro: el deseo de cada fragmento en constituirse a sí mismo en una nueva unidad unitaria que sería la nueva pluralidad. Lo importante era alzarse con el título, con la calificación, de “pluralidad”, aunque fuera de modo nominalista. “La pluralidad ha muerto, viva la pluralidad”. O lo que es lo mismo: La pluralidad, entendida como el individuo que sale de su minoría de edad y piensa por sí mismo porque pensando, estudiando, reflexionando es como el individuo es, ha muerto, viva la pluralidad, donde pluralidad significa en realidad “Unidad unitaria de puntos inconexos de un fragmento, frente a la unidad unitaria de puntos inconexos de otros fragmentos”.
Eso, y no otra cosa, es el objetivo último que cada uno de esos “círculos polares” persigue alcanzar y que se ha convertido en una premisa incuestionable e indiscutible. Cada uno de esos “círculos polares” no busca el punto en común de los contrarios, sino el fundamento para justificar la guerra perpetua, hasta lograr conseguir la ansiada victoria.
No obstante, que esos “círculos polares” nieguen los punto en común, no significa que esos “círculos polares” carezcan de dichos puntos en común. Al fin y al cabo, recordemos que todos ellos provienen de una misma unidad: la de la pluralidad quebrada.
¿Significa la existencia de puntos comunes entre los “círculos polares” la supervivencia de la pluralidad? ¿Significa la existencia de varios “círculos polares” la supervivencia de la pluralidad? No.
La pluralidad ha muerto. Lo que queda es la pretensión de unidad de cada uno de esos “círculos” de convertirse en “Todo en el Uno y el Uno en el Todo”. Aquello que perdura son diferentes fragmentos, diferentes “círculos polares”, cada uno de los cuales tiene como meta convertirse en el Todo de los Todos y en el Uno de los Unos.
Estas son las conclusiones a las que llegaron aquellos considerables fragmentos, restos de la pluralidad ilustrada humana fragmentada y quebrada. Pluralidad ilustrada que, como ya he dicho antes, existió antes de que apareciera la Ilustración como periodo histórico.
Así pues, cada uno de esos círculos se convirtió en una religión, en su sentido clásico de “religare”, a fin de atraer a los restos más pequeños. Por otro, habida cuenta del aumento de la fuerza centrípeta en los círculos más grandes, aquel que no se deja sujetar por un “religare” se ve impelido a enlazarse a otro “religare” con mayor fuerza de atracción. De ahí, la consiguiente polarización, que significa la imposibilidad de evitar dejarse arrastrar, ya sea por un fragmento o por otro, según la posición, la fuerza, etc. A la incapacidad para oponerse a ser arrastrado es a lo que en la actualidad se le denomina “elección.”
La consecuencia más inmediata de tal escenario es que aquellos que consiguen permanecer independientes e inamovibles en su sitio, ajenos a lo que acontecen fuera de sus cotidianas vidas, se han convertido, de la noche a la mañana, en hombres atónitos que han de hacer frente a una embestida de rinocerontes al más puro estilo de Ionesco.
Como ya hemos dicho, los “círculos” se constituyeron, en una primera fase, en neo religiones. Esto es: nuevas formas de representación de ese tradicional “religare”. Nada de soledad. Todo había de ser social, donde social ha de entenderse como un concepto que significa colectivo, colectivo y pertenencia a una neo religión. El concepto de soledad dejó de significar trabajo creativo, aprendizaje en reflexión, la confrontación y experimentación del individuo con sus propias posibilidades, para convertirse en sinónimo de enfermedad. Las secuelas de permanecer anclado en la soledad, - dijeron todos, afirmaron todos-, eran impredecibles y de consecuencias desastrosas para el individuo: desde el Alzheimer hasta la esquizofrenia e incluso el terrorismo.
En mi humilde pero firme, opinión, en un mundo global, de redes materiales aunque invisibles, y por eso, seguramente, algunos les conceden una importancia casi espiritual cuando únicamente son de control, supervisión y comercio, la soledad es un lujo del que sólo unos pocos van a encontrarse en posición de disfrutar.
Hasta el momento, tanto religare y tanta sociabilidad ha servido para que los unos y los otros o hayan matado a Dios o lo hayan introducido en el formol de tradiciones trasnochadas o le hayan otorgado personalidades en consonancia a las personalidades de cada uno de esos que se hacen llamar los representantes de Dios en la Tierra. Tantos esfuerzos, para acto seguido delegar a seres mortales como nosotros la tarea de crear y perfeccionar un sistema a imagen y semejanza del modelo divino-cósmico, en su vertiente, todo hay que decirlo, - y esto se hace incluso preciso decirlo -, más vigilante y sancionadora.
Francamente: no sé qué hemos ganado con la muerte de Dios, del Logos, de la ilustración.
Si el Logos y la Ilustración nos permitían la pluralidad, la comunicación y el diálogo intersubjetivo en un terreno sólidamente construido en el que se podía confiar en el “Verbo”, confiar en Dios y en su ayuda nos libraba de la obligación de plegarnos y de servir a las pretensiones de nuestros congéneres mortales tan caprichosas y mudables como las nuestras, otorgándonos, además, la gran satisfacción de poder, y consiguientemente deber, desarrollar y escuchar a nuestra conciencia gracias a la existencia de la inmanencia divina.
Si a la muerte de Dios, el Logos y la Ilustración sumamos la derogación de las leyes universales y del Axioma Primero que sostiene la esencia del Ser Humano: la dignidad, (Würde), habremos de aceptar necesariamente que la posibilidad de luchar contra el hegelianismo, poco importa en cuál de sus prismas y perspectivas, se reduce bastante, por no decir que desaparece.
Cada una de esas neo religiones fue, primeramente, una neo religión negativa. Negativa en el sentido de que su principal motivación era la oposición a todo aquello que se encontrara en el exterior de esa neo religión, porque todo lo exterior era un obstáculo al que consiguientemente había que superar, (y vencer).
Las neo-religiones se convirtieron así en ejércitos; los ejércitos se batieron en frentes híbridos. Esta guerra eclesiástica entre neo religiones sin Dios, pero fundadas y dirigidas a través de líderes con estatus de dioses, instaba a cada hombre individuo, ya lo hemos señalado, a convertirse en uno de los rinocerontes de Ionesco. Muchas de esas neo-religiones se extinguieron tras las batallas iniciales y pasaron a integrarse en círculos mayores. Por su parte, las neo-religiones victoriosas aumentaron en Poder, crecieron en componentes y asentaron y fijaban sus postulados hasta constituirse en neo Iglesias reflejo de las Iglesias tradicionales más antiguas y anti ilustradas de la historia. Esto es posible porque cada una de esas neo Iglesias sin Dios, sin universalidad, sin Logos, defiende, sin embargo, una Verdad Absoluta. Verdad Absoluta que, por Verdad y por Absoluta impide dialogar con nadie ni nada que no defienda esa misma Verdad Absoluta, de la que cada una de esas neo Iglesias aseguran ser dueñas y señoras.
Sin saber cómo ni por qué nuestra sociedad, y nosotros con ella, se encuentra en una sala repleta de espejos deformados y deformantes. Allí nada de lo que aparece cómo real es real. Del mismo modo es muy posible que lo que sólo es reflejado como apariencia sea la realidad real. Los límites entre realidad y apariencia, entre lo que es, lo que no es, lo que pudiera ser, lo que gustaría ser, lo que podría ser, quedan desfigurados. Nadie puede estar seguro de la información que sus sentidos les proporcionan. Consiguientemente procesar la información es trazar una plausible explicación, más que llegar a una explicación verdadera. Lo plausible se impone sobre la verdad. Pero entre "apariencia" y "plausible" existen diferencias que han quedado igualmente desdibujadas. "Apariencia", "Plausibilidad", "posibilidad", "probabilidad", "certeza", verdad", todos estos términos y conceptos pueden ser clasificados en la teoría. En la práctica cada uno de ellos se confunde con cualquiera de los otros. Con el viento viene y con el viento va. En la sala de los espejos deformados y deformantes cualquier pensamiento puede convertirse en realidad al reflejarse.
La consecuencia es que dichas religiones son, en realidad, espejos deformados y deformantes. No podía ser de otra manera, tratándose como se trata de fragmentos constituidos en su interior por puntos inconexos. Por otra parte, es igualmente comprensible que dichos espejos deformados y deformantes se hayan reunido, por espejos, por deformados y por deformantes, - es decir, siguiendo el principio “pares cum paribus congregantur,” en una sala de espejos deformantes y deformados, en la que pretenden introducir a la sociedad en su totalidad.
Los espejos deformados y deformantes invitan, inducen, obligan a creer que es posible, sin Dios y sin Logos, asentar una Verdad Absoluta a imagen y semejanza de la Verdad absoluta divina y cósmica. Podríamos afirmar que el resultado es al mismo al que llegan algunos cuando elaboran, sin huevos y sin patatas, un producto, no obstante, susceptible de ser denominado “tortilla de patatas”. La diferencia entre la Verdad Absoluta sin Dios y sin Logos y la Verdad absoluta divina y cósmica de los Ilustrados es que este segundo tipo de Verdad era, según los ilustrados, una Verdad Absoluta irradiando muchos halos, cada uno de los cuales representa un modo de creencia. Tal afirmación provenía de Jesucristo mismo: “Muchas moradas tiene la casa de mi Padre”. (Juan: 14,2) En cambio, la característica más representativa de la Verdad Absoluta sin Dios y sin Logos predicada por los fragmentos convertidos en círculos polares y después en neo-religiones es la de que el término “Absoluto” se refiere al concepto de Unidad inmutable e inamovible. Se puede entrar en esa Unidad, lo cual la aleja del concepto de mundo Parmenídeo, pero no salir.
Aceptémoslo: las neo-religiones, todas ellas, son, en realidad, sectas.
¿Cuáles son esas “Verdades Absolutas” que las neo Iglesias defienden? Unas, el Orden Eterno e Inmutable. Otras, el Fluido, siempre en movimiento y combinatorio. Pero he aquí el punto a tener en cuenta, por estar el fluido siempre en movimiento, y ser siempre combinatorio, el Orden de la neo Iglesia de los fluidos es también de carácter eterno e inmutable.
Como ven, las coincidencias entre las diferentes neo-religiones no tienen su origen en la existencia de puntos en común entre los contrarios, sino del hecho de que todas estas neo-religiones poseen un mismo origen: todas ellas provienen de la fracturación de la pluralidad en puntos inconexos. De ahí igualmente, del trauma que la quiebra ha causado, que cada una de esas neo-religiones se esfuercen por convertirse en la nueva unidad. La apariencia de tolerancia que todas y cada una de ellas intenta ofrecer al exterior es sólo eso: pura y simple apariencia.
Por otra parte, la diferencia entre ambos tipos de Orden Eterno e Inmutable de cada neo-religión reposa en que en la neo Iglesia de los Unos el Orden Eterno e Inmutable es el de la Tierra, y en la de los Otros el Orden Eterno e Inmutable es el del Mar. El asunto no es nuevo. Pueblos de la Tierra versus Pueblo del Mar, Mundo Apolíneo versus Mundo Dionisiaco. En este sentido, se hace preciso señalar que la cultura helénica otorgó la victoria a los pueblos del Mar. Fíjense en sus dioses. Zeus es el dios de los cielos; Hades el dios de los avernos. Dicho de otra manera: Zeus está por encima del Mundo y Hades por debajo de él. El único que está en el Mundo es el dios Poseidón, dios de las aguas. Interesante, ¿no creen?
No obstante, creer que el Fluido al que se refiere la neo-religión del Fluido es el Fluido de las aguas de los océanos, del mar, de los ríos supone una grave equivocación que exige ser aclarada brevemente.
Es sabido que toda religión que se precie tiene dos lugares: el exterior para los fieles, y el interior para los iniciados y maestros. Yo me atrevería a afirmar que en realidad hay tres. El exterior para los fieles, el interior para los iniciados y maestros y el tercero, situado en el umbral entre ambos espacios, el de los fieles y el de los iniciados, para el grupo que yo denominaría “diletantes” cuyos componentes se caracterizan por saber más que el común de los fieles sin haber penetrado aún en el claustro donde los maestros forman a los iniciados. Es aquí donde yo situaría el famoso “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.”
En efecto, a los diletantes les sobra intuición, pero les falta constancia y disciplina para dedicar sus vidas a profundizar en un solo tema.
Sí. Tienen razón. Yo soy una de esos diletantes de los que hablo. En mi humilde, pero firme opinión, esto, y no otra cosa, son los diletantes de pro: de todo quieren saber, sin profundizar en nada. Saludan a cada uno de los asistentes que acude a un evento sin comprometerse con ninguno. Pasean por todos los pueblos, por todas sus plazas, sin pretender quedarse en ninguno. A los diletantes clásicos se les denomina en la actualidad pacientes de ADHS, o algo así, porque no se están nunca quietos, porque cambian de actividad con la misma frecuencia con la que el tiempo cambia en Dublín, porque no son nunca donde están, porque están aquí y allí y en ningún sitio. Como siempre sucede: enfermos, haylos. Pero no tantos como se asegura. ¿Por qué les cuento esto? Porque no hay día en que no aparezca algún artículo al respecto. Hoy el tema trataba de las mujeres adultas, incapaces de concentrarse y que olvidan, que muestran síntomas de agotamiento y que terminan incluso con depresión. ¡Que ADHS y qué diantres! – he exclamado indignada en la soledad de mi cabaña - ¿Cómo pretenden que se sientan mujeres que han de atender a trabajos, a su desarrollo personal holístico, amén de atender a sus respectivas parejas, a sus hijos, a sus padres… El término holístico es, en este caso, fundamental. Aplicado al desarrollo, holístico significa que el desarrollo personal de un individuo ha de abarcar una rueda de diferentes halos de luz: deporte, música, idiomas, cocina, elegancia, estilo, relaciones sociales, equilibrio anímico amén de atender a sus respectivas parejas, a sus hijos, a sus padres… ¿Alguien puede explicarme cómo se consigue esto? ¿Puede alguien aclararme por qué tanto como se habla, se discute, se utiliza, el término “holístico” en otras áreas, queda aquí silenciado el asunto? Lo confieso: ayer mi estupefacción no conocía límites, cuando asistí en la Farmacia a una escena en la que una chica joven, agradable de trato, y acompañada de un elegante joven, solicitaba de la dependienta un bote de Thyroxin, al tiempo que hacía alarde de sus conocimientos al respecto explicándole a su vendedora los beneficios que tomar tal medicamento proporcionaban al cuerpo. Ustedes ya conocen mi propensión al asombro, pero es que en este caso no conocía límites. Mientras la joven cliente seguía enfrascada en su discurso, un joven dependiente me hacía señales para que me acercara al mostrador y pudiera atenderme. Tuve que hacer un gran esfuerzo para obligar a mi boca a cerrarse, primero y a pronunciar un par de frases inteligibles, después. ¿Cómo digerir una situación surrealista? Imaginen ustedes: una cliente a todas luces inteligente por el inteligente modo en que se expresaba, de buena presencia y mejores maneras, solicitando un medicamento entonando una loa a sus efectos beneficiosos para incentivar su rendimiento. ¿Cómo piensan ustedes que finalizará esa preciosa damisela sus días? ¿Realmente creen ustedes que el ADHS es la epidemia de nuestros días y que afecta de manera especial, peculiar, silenciosa, a las mujeres? ¡No me hagan reír! Yo me acuerdo, por fuerza he de acordarme, de cómo éramos Carlota y yo en nuestra juventud: tan libres y tan despreocupadas. El nuestro era el mundo de la chispa de la vida, el mundo Coca-Cola, ¿recuerdan?, ese mundo que cantaba unido y al que hemos seguido amando incluso después de que Carlota fuese alcanzada por la furia del basilisco mientras que yo, por fuerza, hubiera de refugiarme en la soledad de mi cabaña. Es verdad que Paula Tierra, siendo de nuestra misma quinta, no se parecía en nada a nosotras. Paula Tierra, la esposa de nuestro amigo Jorge, fue siempre un ejemplo de disciplina; es igualmente cierto que gracias a su posición social y al afecto de sus padres Paula ha disfrutado de una ayuda inestimable con la que otras muchas mujeres únicamente sueñan. Y, sin embargo, nada de esto hubiera servido de gran cosa si Paula Tierra no hubiera conocido y admitido sus límites. Esos ante los que un ser sensato, que se conoce a sí mismo, se detiene y afirma: “Hasta aquí llego y de aquí no paso.” Por esto y por otras muchas más razones he de lanzar desde aquí una petición: Queridos articulistas: dejen de dar la tabarra con epidemias inexistentes. En vez de eso preocúpense de buscar las verdaderas razones del estado de miseria de individuos a los que sistemas y antisistemas, religiones y neo-religiones, Iglesias y neo-Iglesias, todos ellos creados, conformados y reformados por hombres mortales como esos individuos a los que día sí y día también se les sermonea con la perfección – o mejor dicho con su imperfección, la de los parroquianos, claro – para a continuación los sacerdotes del ayer, del hoy y muy probablemente también los del mañana, la vida eterna a cambio de su pecunio. El de los parroquianos, se entiende. La vida eterna a la que se refiere el ayer es la del alma, porque aquellos eran tiempos en los que a la existencia del alma se le podía sacar un buen rédito en el mundo terrenal. La vida eterna a la que se refieren los del hoy es a la del cuerpo en forma de evolución acelerada transhumana, cósmica e incluso, si así lo desean, astral y cuántica. Por posibilidades que no quede. Ya saben ustedes: “el cliente siempre tiene razón”. Pero hete aquí que los sesudos articulistas desperdician tiempo y energías en escribir sobre asuntos tan baladís como demagógicos. Día tras día; semana tras semana; año tras año. Quizás a base de escuchar repetir el mismo mensaje de plumas tan serias como las de la prensa, que se ha convertido en el púlpito desde donde los nuevos predicadores de la salud del cuerpo, del alma, de la mente y de las finanzas sermonean a individuos atrapados en una frenética carrera al, paradoja de paradojas, a un bien-estar. Bien-estar que cuando llegan se descubre que ni es bien ni es estar, sino únicamente un permanecer debiendo, para ello, seguir en un movimiento que el sistema les exige para seguir funcionando. El sistema, se entiende. Los atletas del movimiento del bien-estar son simples tornillos intercambiables que se esfuerzan por seguir siendo tornillos. ¿Por qué? Porque todos los tornillos quieren entrar en el sistema. Al contrario de lo que sucede en las neo-religiones-sectas, entrar es difícil. Salir, en cambio, muy fácil. Por eso. Sistema y antisistema, todo es sistema. “Yo soy tú”. Llegaremos a ese punto. Llegaremos.
En cualquier caso, se impone que nosotros retomemos el punto aquél en el que nosotros nos quedamos: El de los diletantes. Como íbamos diciendo, el grupo de los diletantes está formado y conformado por aquellos que están entre el grupo de los fieles que asisten a los ritos conociendo el significado superficial de éstos, pero no el profundo, y los iniciados que toman sobre sus hombres la pesada carga de adentrarse en los grandes misterios. Pues bien, el pueblo sabe que a lo fluido pertenece la facilidad para extenderse sin por ello desaparecer en los espacios siderales en cuanto se les deja libre, que es lo que, en general, les sucede a los gases. El pueblo sabe también que el término “fluido” está de moda, así que lo utiliza en cualquier conversación que se precie: “el teléfono es más fluido que una conversación por escrito”, “el tiempo fluye”, los cuerpos no son fluidos pero el sexo y los sentimientos lo son y por eso es perfectamente comprensible que un individuo se levante como hombre y se acueste como mujer. Llegados a este punto me gustaría hacer dos puntualizaciones. La primera, que el escándalo no es que esto se diga ahora, sino que se presente como si fuera un descubrimiento del siglo veintiuno, cuando lo cierto es que algo muy parecido fue afirmado hace ya un siglo por Virginia Woolf. Desde luego lo expresó mucho mejor. Según la autora inglesa, en cada uno de nosotros conviven una parte masculina con una femenina y el individuo, al expresarse creativamente, suele, puede, exteriorizar más una parte que otra. En realidad, dos eran las ideas últimas de Virginia Woolf: por un lado, afirmar que la creación no es cuestión de sexo; por otro, fomentar los derechos de la mujer. Puesto que tales ideas son difícilmente conciliables, las contradicciones no tardan en aparecer. La Virginia Woolf que afirmaba que la parte femenina y la parte masculina coexistían en un individuo, es la misma Virgina Woolf que sostiene que si Jane Austen le gusta es porque escribe como una mujer. Por las mismas razones, la prensa que en la actualidad defiende que las mujeres y los hombres son iguales y por absolutamente iguales, absolutamente intercambiables, es la misma prensa que cuando habla de enfermedades no duda en escribir que las mujeres padecen de manera distinta a los hombres, más silenciosamente. Sin adentrarnos en la cuestión del silencio doliente de las mujeres, puedo asegurarles que las horas que yo he pasado escuchando a las mujeres hablar de dolencias, las suyas, claro, ocupan – y me quedo corta – un año de mi vida. Posiblemente la mitad de lo que Jorge dice haber perdido escuchando a sus amigos hablar de marcas de automóviles y de competiciones deportivas. Compréndannos: a nuestros ojos, los míos y los de mis amigos, cualquier persona es una persona. Sin más. Por tanto, masculino o femenino, hombre o mujer, son conceptos vacíos de contenido que se llenan a partir de los actos, de las palabras y de los principios de cada persona. Únicamente en función de eso determinamos si las personas nos resultan simpáticas o antipáticas, interesantes o aburridas. Un hombre que habla de cremas y potingues me resulta tan tedioso como una mujer que hable de lo mismo. Una mujer hipocondriaca es tan estresante como un hombre hipocondriaco. La importancia que se le concede hoy en día al sexo en la vida pública me aburre tanto como esas interminables conversaciones acerca de las diferentes recetas de salsas con las que cocinar un pescado; la cuestión de la oxitocina por la que acariciar a otro ayuda a alargar nuestra vida, me resulta tan indiferente como los deportes de riesgo extremo. Justo porque ya no podía soportar más esa limitación del concepto fluido al sexo, femenino, masculino y todas las demás posibilidades cuánticas es por lo que seguí avanzando hasta llegar al grupo de los diletantes. Allí la cuestión tratada era la fluidez de los pensamientos. El discurso es también muy conocido: cada uno de nosotros es una gota hija de Poseidón y por hija de Poseidón diosa. Puesto que cada uno de nosotros es una gota-diosa podemos crear mundos con nuestras mentes y hacerlos realidad con nuestras palabras. “Somos gotas-diosas que juntas forman un océano”, afirman, pero precisamente también por juntas, son gotas-diosas invisibles. El método para ganar la visibilidad en las fluidas aguas de las gotas-diosas invisibles es el de convertirse en gota-diosa- ola. Esto es: en líder. Y el único modo de lograrlo es consiguiendo ser lo suficientemente atractiva y atrayente para que las otras gotas-diosas invisibles, decidan unirse a esa gota-diosa que sueña en ser ola.
A qué negarlo: dicha narrativa ha obtenido una gran repercusión. ¡Cómo no tenerla, si cada uno de nosotros desea en su profundo interior que al menos los prójimos más prójimos le reconozcan, en vez de pasar a su lado sin ni siquiera prestarle atención! No obstante, la cantidad de conflictos, de luchas de Poder, de confrontación de fuerzas, que narrativas como estas introducen en la sociedad es de tal magnitud que introducirse en tales escenarios requieren de grandes cantidades de energías que, con el tiempo, se convierten en bombas de hidrógeno, de nitroglicerina o del fluido que ustedes prefieran. Y hete aquí que cuando yo ya estaba a punto de marcharme, la mano de uno de los iniciados me introdujo por unos instantes adentro para explicarme el secreto de los fluidos. Las neo-Iglesias de las neo-religiosas no utilizan solamente los textos de los Evangelios. También utilizan los textos antiguos de la alquimia. Por eso es importante que tengamos en cuenta que el fluido del que tanto hablan no son los océanos de la Edad de Acuario a los que suele cantar la New Age. Al fluido al que se refieren es al que constituye la Primera Materia. Esto es: el mercurio. De ahí que el Re-Inicio no signifique únicamente volver a encender la luz después de que la luz se ha apagado, sino de prender una luz completamente nueva y distinta de la anterior. Ese es el verdadero fluido del que se habla: el mercurio alquímico, la Primera Materia.
Esto implica que aunque las neo-Religiones y las neo-Iglesias se presenten a primera vista como movimientos antagónicos, lo cierto es que las apariencias engañan. Además de que todas las neo-religiones y todas las neo-Iglesias son materialistas, todas ellas persiguen la evolución acelerada del ser humano. Cada día celebran la carrera por la aparición de la especie transhumana. Es posible que como los Unos amenazan con el Apocalipsis, mientras que los Otros anuncian el Reinicio, muchos infieran tras una breve consideración superficial que los Unos se dedican a amedrentar con el Fin del Mundo y, en cambio, los Otros proclaman la Nueva Buena.
No nos dejemos confundir por las apariencias y por los juicios rápidos. Mejor es tener presente que nos encontramos en el cénit de la cultura de los juegos del lenguaje y que, se trate de individuo, familia, sociedad, cultura o civilización, allí donde no hay Logos se genera una doble inflación: la inflación de nombres diferentes para conceptos iguales y la inflación del uso de un mismo término para conceptos absolutamente diferentes, cuando no contrarios. Otrora este fenómeno se conocía bajo el nombre de cinismo. En la actualidad aparece bajo el nombre de “alta flexibilidad”.
Sirva esto de advertencia para que cuando escuchemos hablar de “Apocalipsis” y de “Reinicio”, recordemos que, dadas las actuales circunstancias en las que nos encontramos, lo más sensato es sentarnos tranquilamente a reflexionar acerca de dichos términos.
Resulta imprescindible recordar que el Apocalipsis no finiquita al Orden Eterno e Inmutable, sino que es el Orden Eterno e Inmutable el que da por finalizado y concluido a este nuestro mundo de hombres. Pero, y esto es lo esencialmente esencial, el fin del mundo, de este mundo, no inicia el Nirvana, ni siquiera determina la desaparición de la Historia. Lo que el Apocalipsis conlleva es el fin del movimiento y el fin de las posibilidades cuánticas. Esto, lejos de sellar el Fin de los finales, inaugura la celebración del Juicio Final.
Muchos, obsesionados con el fin de los finales, con el caos y con las catástrofes que eliminan al casi total de la Humanidad, identifican Apocalipsis con la destrucción y obvian el Juicio Final y lo que el Juicio Final conlleva. El fin del movimiento y el fin de las posibilidades cuánticas son las condiciones sine qua non para que el Juicio Final se celebre y para que ello suceda se hace preciso el Apocalipsis. Ahora bien, no nos confundamos: lo importante del Apocalipsis es el comienzo del Juicio Final, y – lo que esto conlleva. A decir: trascendentalmente la clasificación y separación de la Humanidad entre aquellos hombres que van al Reino de Dios y aquellos que son condenados a los avernos. Esto y no otra cosa es lo transcendentalmente (y nunca mejor dicho), importante del Apocalipsis: la plenitud de los tiempos.
En la Biblia es Axioma Primero Dios Juez, rodeado de su cohorte ángeles, quién decide el destino de cada uno de los individuos. Pero aquí se trata de neo-religiones y de neo-Iglesias materialistas. Tan materialistas que todas ellas sostienen que el espíritu es material.
¿Quién, pues, les concede el derecho a predicar a los Unos el fin del mundo? ¿Cómo pueden asustar con la llegada de la destrucción del mundo?
No pueden. Por tanto, en la neo-religión del Apocalipsis, sea cual sea su vertiente “eclesiástica”, una de dos: o son sus acólitos los que planean el apocalipsis o son ellos los que temen que sus enemigos provoquen la exterminación del planeta.
Por tanto, la primera tarea que ha de acometerse, caso de que a alguien le interese el tema, consiste en encontrar al Dios Juez que decidirá el inicio del Apocalipsis (y el consiguiente Juicio Final) y a su legión de ángeles ¿Alguno de ustedes cree en serio que Dios Axioma Primero va a traer el Apocalipsis del que tanto se habla en la actualidad? ¡Es de neo-religiones de lo que estamos hablando! Incluso cuando las neo-Iglesias utilizan el término Dios Axioma Primero la realidad real es que esas neo-Iglesias, sean del corte que sean, son, al igual que lo fueron las Iglesias tradicionales en sus días más oscuros, materialistas y bien materialistas. Los aficionados a buscar en el pasado un precedente a la situación actual quizás puedan remontarse hasta la cultura sumeria. Allí los dioses duran hasta donde la vida y la victoria de la ciudad que los defiende alcanza. No obstante, aceptemos que la tecnología ofrece a la sociedad actual unas posibilidades (cuánticas) mucho más interesantes.
Lo mismo, pero en sentido inverso, sucede en el caso de los Otros, en esas neo-religiones que pregonan el “Reinicio” como si de “la Buena Nueva” se tratara. La verdad es que no es posible generar un Re-inicio sin apagón, con todo lo que ello implica. ¿A qué “reinicio” se refieren los adeptos a la neo-religión de los Otros? ¿Al Nuevo Orden Mundial del que echaban pestes hace dos décadas? ¿A una purificación del cuerpo del ser humano, puesto que, según se afirma, no hay alma, a lo más, quizás “aura”?
En la religión del Fluido, habremos de pensar, por fuerza habremos de pensarlo puesto que callan al respecto, que ella misma provocará la destrucción a fin de activar el “Reinicio”. Si no es ella misma la que la cause, créanme que la neo-Iglesia del Re-inicio introducirá el adecuado descontento para provocar a otros y conseguir, de este modo, que sean individuos ajenos a su institución los que se ocupen de la parte concerniente a la supresión del mundo conocido. No obstante, incitar a la devastación y a la demolición hasta conseguir que alguien prenda la mecha exterminadora es otra forma de activar un proceso que, de otra forma, no se hubiera producido jamás. Llamarlo pueden llamarlo como prefieran: manipulación, sugestión, o ambos.
La diferencia entre ambas posibilidades, - la de que sea ella misma quien lleve a cabo el proceso destructivo que termine con lo hasta entonces existente para a continuación iniciar la fase del Re-inicio o la de que sean otros adecuadamente “provocados”, con indiferencia de cómo y por qué dicha provocación tiene éxito - los que realicen el aniquilamiento de la Humanidad, reposa en que si es la neo-Iglesia del Re-Inicio la que se encarga del asunto, la neo-Iglesia del Re-Inicio explicará que se trata de una necesaria destrucción, eficiente y eficazmente dirigida y coordenada, y clasificará la destrucción con el calificativo de “daños colaterales”. O algo parecido. En cambio, si es otro, u otros, los que finalmente caen bajo los efluvios de la manipulación/sugestión, esa misma Iglesia del Re-Inicio calificará la acción de asesinato contra la Humanidad y se alzará como la espada justiciera que salva a los hombres de la barbarie de sus congéneres. La Revolución se come a sus hijos, ¿recuerdan? Y se mostrará impasible ante lo que la Iglesia del Re-Inicio nuevamente definirá ante las voces de protesta como “Daños colaterales.”
Convendrán conmigo en que si con el Apocalipsis se está anticipando el Juicio Final, que tiene lugar después de la destrucción, el Re-Inicio anuncia el nuevo Orden Eterno e Inmutable – y por nuevo, desconocido, aunque, según dicen los adeptos de esa neo-Iglesia, por sus señales se le conocerá - que seguirá a la previa destrucción.
Ambos movimientos, ambas neo-Iglesias, se apoyan en los mismos pilares.
La primera columna común es que, tanto los Unos como los Otros, proclaman los mismos acontecimientos haciendo un uso materialista, heracliteo por uso de la inversión de la dirección, aunque el camino sea el mismo, y nominalista de los Evangelios.
La segunda columna común es que ambos persiguen como último fin la Unidad inamovible. El Juez supremo en los Unos es en los otros las márgenes del río y la dirección. Cualquier gota que se salga del margen representa un peligro de inundación. La pregunta, sin embargo, va más allá. ¿Quién determina los márgenes? ¿Quién es el que tiene el Poder de modificarlos? Se necesita, pues un Juez Supremo.
¿Quién es este Juez Supremo al que ambas neo-Iglesias se refieren, reclamándolo ambas como suyo propio?
Olvíden que el Juez Supremo al que esas dos neo-Iglesias se refieren sea el Dios religioso de cualquiera de las religiones tradicionales del Libro Sagrado. Ironía de Ironía todo es Ironía. En un mundo donde la lectura de los Evangelios se ha convertido en un exotismo, las neo-Iglesias de la actualidad, sean anti-diluvianas, cavernícolas, neo-tradicionalistas, postmodernistas, progresivas, inclusivas, o todo a la vez, copian sus estructuras y sus predicaciones ora en esta dirección, ora en la otra, ora en una tercera completamente diferente, porque el camino sea en la dirección que sea es siempre el mismo. Sólo una dirección no es posible: aquella en la que el hombre aspira en cuerpo y alma a unirse con el Dios Axioma Primero. Olviden también que ese Juez Supremo tenga que ver con algún Dios o Rey cósmico.
No me cansaré de repetirlo: Con independencia del lenguaje y de los símbolos que utilicen, las neo Iglesias se caracterizan por fundarse en un materialismo ecléctico y postmoderno en el que todo se aprovecha con tal de llegar al objetivo: Im-ponerse y gobernar en la Unidad desde la Unidad del Uno. El lema común a las actuales neo-Iglesias es: El Todo en el Uno y el Uno en el Todo. La confrontación entre ellas no reside en una cuestión de principios, sino que se trata de una simple confrontación entre los diversos líderes por el Poder. Ni más ni menos. ¿Es probable que al final se haga con la victoria un desconocido? Sin duda ésta es una posibilidad a considerar seriamente. Muchos de los adalides actuales caerán en la batalla o, simplemente, por agotamiento. Algunos de los que se mantienen en las sombras esperan su momento, mientras que otros, que sólo asistían a los diferentes embates como mero observador, se verán obligados a participar en algún lance; quizás sean impelidos a ello.
Dios y la espiritualidad no tienen nada que ver en esta lucha, que es de carácter global-planetaria, materialista, postmoderna, ecléctica, por el Poder que siendo un Poder de hombres anhela acelerar la evolución humana para hacerlos más eficientes y eficaces trabajadores. La competición del hombre contra la máquina, el reto del hombre evolucionado contra el hombre cyber, la confrontación entre los cyber y los clones de los hombres evolucionados más superiores, estos son los ideales a cuyo servicio y realización todas estas neo-iglesias depositan sus esfuerzos, sus ejércitos y su dinero. El control de los hombres por un vigilante. La visión de la prisión de Foucault. Foucault, el último de los iniciados. Sin maestro.
La tercera columna común, por Iglesias, es la obsesión por la muerte. En efecto, Apocalipsis o Reinicio, con quienes, en realidad, atemorizan los Unos y los Otros son con los muertos, que es más personal; con los derrotados, que es más individual; con los pecadores atormentados, que es más intransferible.
Dicho en español vulgar: La sartén es la misma para los Unos como para los Otros. Lo único que varía es la mano que tiene la sartén por el mango. O lo que es lo mismo: Elijan ustedes como les plazca. Estar, estamos todos, seguimos todos, dentro de la esfera de las siete esferas.
De este modo, poco a poco, lenta pero imparables, las neo Iglesias han conseguido introducir a los hombres actuales y a sus sociedades en una sala no universal pero global repleta de espejos deformantes y deformados.
Uno de los espejos la Verdad Absoluta de cada neo Iglesia se refleja como imagen y semejanza de la Verdad absoluta divina y cósmica.
En otro de los espejos la neo Iglesia es reflejo de las tradiciones tal y como eran antes de ese periodo histórico llamado “Ilustración”. Pero seamos claros: La utilización del término “Ilustración”, vuelve a ser ilusoria. Con su crítica a la “Ilustración” lo que en realidad están rechazando es la llamada a la pluralidad que surge de las diferentes conclusiones a las que un individuo puede llegar a través del estudio, de la reflexión, de la experiencia, de las diferentes creencias. En este sentido la pluralidad nacida del respeto al individuo, y apoyada en el respeto que los individuos se deben, ha estado presente a lo largo de toda la historia. Y, consiguientemente, ha sido históricamente perseguida. La Ilustración pudo dar nombre a un periodo histórico cuando el optimismo en el individuo, en la historia y en el progreso, permitió creer con la fuerza de la fe viva que se había iniciado un nuevo “Orden” y que ese “Orden” se iba a mantener siempre. Maquiavelo como Montesquieu intuyeron que había que proteger lo que se tenía, de ahí que aconsejen dedicar recursos a la defensa de la tierra fértil que se posee porque para el atacante el pacifismo del que vive en bienestar es una ventaja. La cuestión es siempre cuántas energías hay que dedicar a lo que se defiende. Voltaire defendía las malas obras porque ello implicaba producción de obras. Era la libertad de escribir lo que el optimista Voltaire perseguía. Voltaire se equivocaba. Una producción de obras malas implica que las buenas desaparecen aplastadas por el peso de las malas obras, o son despreciadas, entre otras cosas porque las buenas obras exigen más tiempo y reflexión para leerlas. Fue Voltaire el que afirmó también que el límite de la tolerancia es la intolerancia. Esta frase referida a la tolerancia religiosa es absolutamente cierta. Sin embargo, no ha dejado de causar problemas desde que fue escrita: ¿Quién es el tolerante y quién el intolerante? ¿Debe ser el maestro tolerante con el muchacho que no asiste al colegio o que no hace sus tareas porque en un día de sol prefiere irse a nadar? ¿Dónde está la frontera entre tolerancia y permisividad? ¿Quién la fija? De este modo es como muchos intolerantes han sentado sus premisas enarbolando precisamente la bandera de la tolerancia. Ironía de ironías. Todo es ironía.
Ciertamente, y pesar de las columnas comunes en las que las neo-Iglesias se apoyan, cada neo Iglesia guarda sus ritos, sus mandamientos, sus pecados y su catequismo. Cada una de ellas, también, vigila sus muros de la ortodoxia y los protege de ser asaltados o infiltrados por los enemigos. Por los mismos motivos, cada neo Iglesia cuida la observancia de sus dogmas dentro de las murallas. Cada neo Iglesia desconfía de todos sus acólitos; sus parroquianos son analizados con lupa y microscopio a fin de descubrir herejes, rebeldes, revoltosos y librepensadores; en suma, se trata de neutralizar posibles infiltrados; lo que antiguamente se conocía bajo el nombre de “enemigo interno”.
Cada una de esos neo Iglesias culpa a la otra neo Iglesia de pecados y defectos que son, en realidad, los mismos pecados y defectos de los que ella misma adolece. Éste es otro de los espejos deformantes y deformados que utilizan. Créanme: es un espejo bastante conocido. Los alemanes lo resumen en la siguiente expresión: “Die schärfsten Kritiker der Elche waren früher selber welche.“ (“Los mayores críticos de los Alces, lo fueron ellos mismos”) y que en referencia a la práctica espejo de las actuales neo Iglesias podría reformularse como: “Die schärfsten Kritiker der Elche sind ebenfalls Elche. (“Los más críticos de los Elche son también Elche.”)
Puesto que cada una de las neo Iglesias se inviste de la potestad de advertir a aquellos individuos-espectadores que permanecen indecisos en el exterior de que es la otra Iglesia la que les engaña y ella la salvadora, ninguno de esos individuos-espectadores puede determinar a ciencia cierta cuál de ellas dice la verdad y cuál miente. Lentamente son envueltos en una nube de desconfianza ante la amenaza de que les timen o les líen o ambos. Confusos, dubitativos e inseguros, oscilan de un extremo a otro, de una neo Iglesia a otra neo Iglesia.
Dos temores acucian con cada vez más insistencia al individuo-espectador. El primero, es el horror a quedarse afuera, a la intemperie, en medio de la tormenta de la soledad. El segundo, equivocarse de neo Iglesia.
Aceptemos la realidad: al individuo-espectador común las neo religiones y las neo Iglesias le resultan tan indiferentes como antaño las Iglesias tradicionales. “Al fin y al cabo” – se dice el individuo-espectador común- “los únicos que se equivocan son los perdedores. De lo que se trata pues,” – se dice el individuo-espectador- “es de elegir bien. O sea: hay que unirse a la neo Iglesia que más posibilidades tiene de imponerse sobre las otras.”
Así que, tras estas profundas y sesudas consideraciones, una gran parte de esos individuos-espectadores comunes decide acudir a la neo Iglesia que más parroquianos y más Poder parezca tener.
Conscientes, conocedores e investigadoras de las estructuras mentales de los individuos-espectadores comunes, las neo Iglesias convocan a las masas, celebran conferencias, encuentros en escenarios llenos a rebosar, promueven acciones conjuntas que den cuenta de su fuerza tanto a los participantes como a los espectadores. En suma: cada una de esas neo Iglesias, - y cuando escribo “cada una” me refiero a eso exactamente: a “cada una”, porque todas ellas, nacidas en la era acuariana de new age, son hijas de su tiempo, lo manifiesten abiertamente o lo pretendan ocultar, negarlo e incluso repudiarlo -, precisa bañarse en multitudes, tanto como disponer – ironía de ironías, todo es ironía- de una surtida y plural colección de canales en redes sociales en los que tratando los más diversos y variopintos temas se introduzcan suave, pero firmemente los dogmas de la neo Iglesia propietaria.
También por conscientes, conocedores e investigadoras de las estructuras mentales de los individuos-espectadores, las neo Iglesias no dudan en introducir los correctivos y sanciones necesarias a todos esos que o bien abandonen sus filas, o bien no deseen integrarse en ellas.
Para estas neo Iglesias las cuestiones “Dios”, “Logo”, “Primer Axioma”, son cuestiones irrelevantes por inexistentes. Del mismo modo los términos “Diálogo”, “Comunicación abierta”, “Reflexión”, carecen de importancia puesto que cada una de ellas defiende la tenencia de una Verdad Absoluta.
Lo hemos dicho antes, lo repetimos ahora: el propósito último de todas y cada una de esas neo-Iglesias es la instauración de esa Verdad Absoluta basada en el Todo en el Uno y el Uno en el Todo, en el que el Uno de la Unidad es el concepto clave, en toda la sociedad.
Teniendo en cuenta que ninguna de ellas cree ni en Dios, ni en el Logos ni en la Universalidad, y que, incluso cuando dicen creer en Dios y en el Logos, se trata de un Dios y de un Logos material, más dirigidos a la evolución acelerada o a la evolución ralentizada, que a la auténtica paz que otorga el religarse a un Dios del corazón, al silencio que reflexiona, al recogimiento que siente, a la serenidad individual, personal e intransferible que cumple con la tarea que él considera que ha de cumplir, las puertas de todas estas neo Iglesias, incluso en neo Iglesias vintage, conducen inevitablemente a la teoría del Poder de Foucault, el último de los iniciados; sin maestro, pero iniciado.
Lo que, para estas neo Iglesias, - todas ellas anti ilustradas, incluso las neo Iglesias vintage, incluso las neo Iglesias neo tradicionalistas -, se alza como fundamentalmente esencial es la defensa y la imposición de esa Verdad Absoluta.
¿Cómo puede lograrse algo así? Únicamente con la lucha. La guerra perpetua es el continuum.
Hasta que una de ellas se imponga de manera una y absoluta.
Puesto que el diálogo es un imposible, cualquiera que se presente en son de paz a fin de iniciar algún tipo de intercomunicación será rechazado. Si alguna vez ustedes escuchan la expresión “somos una piña” o “seamos una piña”, huyan en sentido contrario y lo más lejos posible. Por varias razones: la primera, porque los que hablan de piña suelen ser, generalmente, pasivo-agresivos inactivos al tipo de “La casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca, de esos que destrozan al “Idiota” de Dostoievski, y lo segundo porque tales “piñas” crean sociedades del tipo de las que refleja “Las cartas marruecas”, de Cadalso.
Para entender el estado de guerra perpetua hay que remontarse, como ya apunté anteriormente, a la religión sumeria. Lean, por favor, la obra que a este respecto escribió Jacques Pirenne, el brillante hijo del brillante Henry Pirenne. Allí se describe las constantes guerras que las ciudades libraban entre ellas. La ciudad vencedora no sólo instauraba el poder político. También imponía sus propios dioses. La existencia del dios era baladí. Lo importante es que prevalecían los dioses de los vencedores. Era la religión del triunfador la que se imponía, no la religiosidad. Y ello porque la religión sumeria tenía una utilidad meramente mundana. Terminada la vida, todos iban al mismo sitio: al de la oscuridad, de la que salir era un imposible. Ni resurrección, ni reencarnación, ni perdón. Así pues, la imposición del dios del ejército victorioso representa únicamente la constatación del Poder. Y el Poder es material, expansivo global, aquí y ahora. ¿Por qué el Poder no es universal? Porque lo universal es un concepto abstracto. Ironía de ironía, todo es ironía: Las neo Iglesias no aceptarían jamás una guerra universal. Sí, en cambio, una guerra de reinos e incluso una guerra de mundos.
En la guerra que las diferentes neo Iglesias mantienen en nuestros días la dinámica es exactamente la misma. Cada una de estas Iglesias extremistas tiene sueños de dominación. De lo que se trata es de conquistar ciudad a ciudad, emplazamiento a emplazamiento. Cada moderado que no se une a ellas, que se opone al “religare”, es considerado enemigo.
Aparte del punto en común que ya les he nombrado anteriormente: el del empleo de los espejos por parte de las neo-Iglesias, existe otro espejo que, a mí personalmente, me intranquiliza sobremanera. El de que ambas neo Iglesias cataloguen a los individuos moderados e independientes bajo una misma rúbrica, que los muestren a través de un mismo reflejo: el de mercenarios.
¿Cómo es posible que un discurso así se haya expandido tan rápido y tan eficazmente?
Ya lo hemos apuntado arriba. Por la fuerza centrípeta que utilizan, por la utilización de todos los métodos de convocatoria que existen y la introducción de otros nuevos y por la aplicación de las necesarias puniciones a aquellos que bien abandonen sus filas, o bien se opongan a integrarse en ellas.
A esto hay que unir dos tipos de estrategias. Uno de ellos se conoce bajo el nombre de “inclusión”. Se hace preciso entender que en esta acepción lingüística “inclusión” implica incluyente. El empleo del gerundio permite aceptar a todos aquellos que, arrastrados por la fuerza centrípeta de su movimiento, entran en la neo Iglesia, tras haber pasado con fluidez, eso sí, las pruebas de control que dicha neo Iglesia considere oportunas y necesarias. Por el contrario, a todos esos que se mantienen en el exterior, poco importa las causas por las que se mantienen en el exterior (familia, trabajo o pasotismo), les espera la cancelación, el aislamiento, la separación, y el ostracismo.
Otra estrategia es aquella que opera con la práctica del mimetismo. Admitámoslo: La afición de los hombres a hacer lo que los otros congéneres hacen, acudir adónde los otros acuden, y tener lo que el resto posee es justamente los criterios en los que se apoya la publicidad de los comerciantes a fin de transformar un producto normal en un producto de “moda”, “trend”, “in”, “cool”, o como ustedes prefieran llamarlos. Aquellos que no se unen al mimetismo no son cancelados. Sencillamente están “out”.
La estrategia de la “inclusión”/ “cancelación” se basa en el miedo y en la “motivación negativa”; la del “mimetismo” “in”/”out”, por su parte, se fundamenta en la “motivación positiva”.
Al día de hoy ambas estrategias caminan unidas de la mano. Y es que, en esencia, las dos persiguen el mismo fin: la sumisión del individuo en el grupo, la cohesión y fijación de los puntos inconexos, la unidad total de cada uno de ellos.
La “inclusión”/ “cancelación” explota los sentimientos de culpa y remordimiento. El “mimetismo” “in”/”out” potencia la “vanidad de vanidades, todo es vanidad” del ser humano que, en general, siente un miedo ancestral a no formar parte de la brillantez del “Todo” y de los “todos”.
Dichas estrategias implantan otras modalidades de espejo deformado y deformante: la neo Iglesia que practica la inclusión introduce el espejo del remordimiento deformante y deformado. El reflejo de ese espejo sugestiona a aquel que se mira en él con culpas que no son suyas, con pecados que no le corresponden. La víctima se ve a sí misma como verdugo y termina dándose latigazos. La única manera de librarse del pecado es incluirse en la neo Iglesia de la inclusión.
La neo Iglesia que practica el mimetismo introduce el espejo de la brillantez. El reflejo de ese espejo sugestiona a aquel que se mira en él asegurándole que es un hombre fuerte que ha de unirse al grupo de los otros hombres fuertes; que es un hombre brillante, que ha de unirse con el grupo de los otros hombres brillantes que, casualmente, se encuentran reunidos en la neo Iglesia del mimetismo.
¿Se acaba aquí la colección de espejos?
Naturalmente no. Recuerden que estamos en la sala de los espejos deformados y deformantes.
Hasta ahora hemos hablado de los espejos que utilizan las diferentes neo Iglesias para luchar entre sí, y los espejos que utilizan para atraer a individuos-espectador y ganar, con ello, adeptos, acólitos, parroquianos, iniciados, como ustedes prefieran.
Salas de espejos deformados y deformantes. Salas en las que cada una de esas neo-Iglesias reprocha a la otra los pecados en los que ella misma cae. Espejo contra espejo. Cada neo Iglesia se convierte en un ser individual donde el “Yo” se enfrenta al “Tú” en una lucha en la que la premisa consiste en ese radical: “Yo” o “Tú”.
Esto justamente es la misma práctica que se lleva al terreno individual: De repente el hombre fue llevado a contemplar su imagen en el espejo de la fracturación de núcleos. Allí se le obligó a mirar su imagen. Allí también fue impelido a elegir: “O tú o yo”. Donde “yo” es reflejado como un ser apagado, aburrido, gris, cubierto de obligaciones que le superan y frente a la imagen de ese “tú” que le promete diversión, vida rosa. “Sigue tu pasión” le dice el “tú” que quiere matar al “yo”. Y el “yo” sigue su pasión, olvidando que la verdadera significación de pasión es dolor, sangre y crucifixión.
De este modo, se ha resuelto la primera fase. Aquella donde el hombre queda roto. Roto entre su “yo” y la imagen que ve en el espejo que fractura núcleos que refleja un yo convertido en un “tú” que no sólo distinto de ese “yo”, sino su enemigo más radical: “O tú o yo”.
El final de este proceso es, en efecto, la fragmentación del individuo. Donde como lo que se ha fragmentado es la pluralidad originaria que implica el respeto y el reconocimiento a la diversidad, el individuo sufre una fragmentación en la que una parte muere y en la que la parte superviviente queda ella misma herida de muerte porque el individuo, pese a su pluralidad e incluso contradicciones, es siempre un “yo soy”. Esto es una unidad en la pluralidad. Igual que existe en la pluralidad de las diferentes religiones una unidad: la del Ser Supremo.
La descomposición del núcleo del átomo quizás proporcione energía a otros. A él lo destroza.
¿Recuerdan ustedes aquellos viejos métodos de sumisión? Primero romper; después reconstruir. Aquí es lo mismo. El hombre fragmentado no nota la fragmentación del fragmento y percibe su propia fragmentación de manera deformada y ora se culpa, ora se considera out.
A partir de la fragmentación del individuo se inicia una nueva fase.
Al hombre fragmentado se le hace creer que sólo en colectividad puede superar su fragmentación. De alguna manera sucede lo que ya señalaba en su día Kierkegaard, el hombre se diluye en las relaciones sociales. Con la diferencia de que en Kierkegaard ello era motivo de perdición y hoy en día se ha hecho creer que es fuente de salvación. Aquí se hace preciso introducir un inciso. La sociabilidad del individuo es necesaria para intercambiar conocimiento, ideas, alimentos, vestidos con otros individuos, y ayudarse mutuamente. Pero el individuo que es un ente limitado, está constreñido a trazar límites constantemente. Es la enseñanza del mito de Dédalo y de Ícaro. Dédalo constructor del laberinto huye de él cuando esos límites materiales le asfixian. Su hijo, Ícaro, muere por querer sobrepasarlos. La medida que señala Kierkegaard en sus escritos, es la misma que aconsejan los griegos clásicos. Sin embargo, en los tiempos actuales, a la natural y comprensible sociabilidad del individuo se le ha dado una pátina de espiritualidad y se la ha transformado en redención del individuo.
Ello tiene también una finalidad.
En la nueva fase de lo que se trata es de la recuperación del núcleo del átomo individuo “Yo soy”, que ha sido quebrado por el espejo encargado de fracturar los núcleos individuales.
Al individuo fracturado que está a punto de perecer, se le sitúa frente a otro espejo. El espejo encargado de reconstruir núcleos.
¿Han leído ustedes a Fulcanelli? ¿Han leído lo que Fulcanelli afirma de la re-composición del vino una vez que se han separado los elementos que lo constituyen?
Es un imposible. Lo mismo con el individuo núcleo. Una vez roto ya no es posible recomponerlo.
No importa. El individuo núcleo está demasiado debilitado. Se sitúa frente al espejo encargado de reconstruir núcleos y al mirar su imagen reflejada en ese espejo escucha decir: “Yo soy tú”, expresión que, se mire como se mire, lo único que encierra es perversión.
La primera perversión que transporta una frase así la sufre en primer lugar Narciso.
En efecto, la imagen que refleja el espejo de Narciso es Narciso mismo. Pero de repente, la imagen cobra vida propia: “Yo soy tú”. Imagen reflejada es imagen que se refleja. Lejos de ser una unión, el espejo de repente implica una separación entre lo que se refleja y lo reflejado.
“Yo soy tú”, que está formulado con dos elementos “Yo” y “tú” unidos por una partícula identificatoria, igualadora “soy” esconde, en realidad, una perversión: la de que el yo reflejado y el yo que se reflejan no constituyen un yo compacto sino un yo y un tú.
En esa misma perversión se basa la fracturación del individuo en momentos distintos del tiempo que conversan entre ellos: la Isabel del ayer, la Isabel del hoy, la Isabel del futuro.
Eso es lo que ahora se identifica con pluralidad y con tolerancia. La tolerancia es de repente autocomplaciencia en la fragmentación. Tolerancia autocomplaciente con la Isabel del ayer. Tolerancia autocomplaciente con la Isabel del hoy. Tolerancia autocomplaciente con la Isabel del mañana. Para que dicha tolerancia sea autocomplaciente el individuo ha de variar, forzosamente ha de hacerlo, sus recuerdos. No es que los recuerdos nos engañen. Es que nosotros nos vemos obligados a engañarlos a fin de ser autocomplacientes con nosotros. ¿Qué es pues lo que debemos cambiar en nosotros? ¿Qué es aquello que no debemos tolerar en nosotros? Cualquier rasgo que se oponga a alcanzar la plenitud, entendiendo por plenitud la unidad unitaria en la unidad de la fragmentación fragmentada, dentro de alguna de las neo-Iglesias.
¿Alguien puede explicarme a quién debemos semejantes desvaríos? La Isabel del hoy es la consecuencia del ayer y la posibilidad del mañana. Pero como individuo compacto y unido en su esencia. Un individuo que hace camino al andar en dirección ascendente y trascedente, o lo hace unido consigo mismo o no llega a ningún lado. He recorrido muchos caminos; he conversado con muchas personas; he hablado incluso con perros; he cantado con el viento y les he gritado al sol, a la lluvia y al frío. He pensado en Dios y me he sentado a la sombra de un árbol. En cada uno de esos momentos era yo, mi yo completo, el que estaba unido a mí.
Esos empiezan separando al individuo en grandes momentos temporales, y luego esos grandes momentos temporales se van acortando peligrosamente: el yo que era ayer ya no es el mismo yo de hoy y el yo que se acaba de ver en el espejo es otro yo distinto del que se ha mirado hace cinco minutos. “Yo soy tú”, donde cada “yo” y cada “tú” están en constante cambio y transformación y nunca unidos y nunca separados. Movimiento cuántico.
Para unos se trata de fluir. Para otros se trata de armonizar. El yo y el tú fluyen. El yo y el tú armonizan. Por eso que fluyen constituyen una identidad. Por eso que armonizan constituyen una identidad.
Lo cierto, sin embargo, es que Narciso ha quedado escindido. Él y la imagen de su espejo son entes diferentes que únicamente a través de una identificación son unidad. Es exactamente lo mismo que el cuadro de Magrit “Esto no es un pipa”, donde lo que aparece, precisamente, es una pipa. Las neo-Iglesias hacen lo mismo que Magrit, pero al revés. Magrit conserva la imagen y niega la identidad. Aquí se presentan dos imágenes a las que se les convierte en un “yo” y en un “tú”, esto es: en dos seres distintos, para a continuación unirlos.
Narciso llora desconsolado delante de su imagen. Su espejo ha roto el “yo” y lo ha convertido en un “tú”.
La segunda perversión que transporta una frase así la sufre la comunicación.
La perversidad del término y del concepto “fluir” reposa en su enorme capacidad plástica o lo que es lo mismo, en una alta flexibilidad. Toda aquella que la ausencia de Logos permite.
Hace dos días pregunté por escrito por un acontecimiento. Por escrito obtuve de la misma persona varias respuestas. La primera fue, que tal suceso no había pasado nunca nada. Como insistí, su segunda explicación reconoció que, en efecto, el hecho había pasado, pero que era cosa de poca importancia. Al hacerle comprender que ese poco puede, con el tiempo, convertirse en un serio problema, me aclaró que ya había personas controlando la cuestión. Una segunda persona me contestó por escrito que el incidente, en efecto, había tenido lugar, pero que ya había quedado arreglado. En suma: cuatro respuestas diferentes para una simple pregunta, que variaban en consonancia con lo que yo les iba aportando. Las respuestas que yo obtenía de aquellas personas a las que pregunté se generaban en función de la estructura de mi pregunta, no en función de la verdadera situación del estado de cosas por el que me interesaba. Terminé la conversación con cuatro respuestas diferentes para un mismo episodio. Lo cual equivale a ninguna respuesta.
A esta alta flexibilidad se le denomina “fluir”.
He de añadir que me propusieron utilizar el teléfono en vez del mensaje escrito porque el teléfono, me dijeron, permitía fluir. Los mensajes escritos, afirmaron, pertenecían a la época de los telegramas. Pese a mi consabida tendencia al asombro, debo decir que esta aserción no me extraña demasiado, más bien me divierte. En efecto, los amantes de las conversaciones fluidas raramente utilizan los canales que graban las conversaciones, ya se trate de audios o de mensajes escritos. Ellos, aseguran, prefieren el empleo del teléfono porque a través del teléfono, declaran, las conversaciones son más fluidas.
Cuando escuchen argumentos de este tipo huyan de la palabra hablada que con el viento viene, y con el viento se va. Lo que dichos amantes de la fluidez telefónica están en realidad afirmando es que con el uso del teléfono surgen esas conversaciones finalizadas las cuales ellas pueden afirmar fluidamente que su interlocutor ha dicho lo que no ha dicho, ni siquiera ha pensado, mientras que ellas, también fluidamente, pueden negar que hayan dicho lo que con toda certeza si han dicho a su interlocutor en cuestión.
En esto y no en otra cosa consiste eso que se ha dado en llamar fluir, armonizar, conciliar, según la neo-Iglesia de que se trate, e incluso converger a base de llegar a compromisos, que hoy en día únicamente significa hacer malabarismos: en diversas respuestas según el momento, según el instante, según se va desarrollando la conversación. Situacional, flexible, cambiante. Fluyendo. Armonizando. Conciliando.
Cuando Narciso cae en el espejo ya no cae en sí mismo.
Narciso cae en la fuente-espejo porque “yo” y “tú” descomponen su interior, le hacen perder el equilibrio y le precipitan en el lago. Narciso es un “yo” que ve en el espejo a un “tu”, que es reflejo de sí mismo y al que, sin embargo, Narciso no puede llamar “yo” puesto que el “yo” del espejo ya no emite el reflejo del “yo” de Narciso. La identificación del “yo- Narciso” con el “yo Narciso-imagen” es una identificación imposible.
A esta identificación imposible se le denomina: Fluir, armonizar, conciliar.
“Yo soy tú”.
¿Y dónde terminan un “yo” y un “tú” que fluyen, que armonizan, que concilian?
Lo saben ustedes. Lo sabemos todos. En un “nosotros”
Un “nosotros” que se nos presenta con una peculiaridad muy interesante: Junto a ese “Nosotros” no hay un “Vosotros”
El “Vosotros” ha quedado anulado. Incluso el “Ellos” ha desaparecido.
Lo único que queda es un “Nosotros” que fluye, que armoniza, que concilia, que se im-pone, que domina.
Cualquier diálogo, cualquier comunicación es un imposible por innecesaria. ¿Para qué diálogo si todo fluye y armoniza? Dialogo exige un yo y un tú distintos, pero cuando se alza la identidad “Yo soy Tú” ¿para qué se requiere el diálogo?
Y fluye a partir de la descomposición del yo. En un “tú”, primero. Y en un “nosotros”, finalmente.
¿Cómo se logra algo así? Negando al “tú”, sencillamente. Ese “yo soy tu” queda convertido en “yo soy tú, tú eres yo”; por tanto, el “tú” ya no es necesario; por tanto, sólo existe una pluralidad de “yoes”; por tanto, sólo permanece el “nosotros”.
Puesto que no existe un “tú”, tampoco puede configurarse un “vosotros”.
Consiguientemente, cualquier “vosotros” es un fake, un espejismo, un constructo que ha de ser erradicado.
Al final lo único que queda es la unidad unitaria del Todo el uno y el uno en el todo del “Nosotros”.
La tercera perversión la sufren la moral y la justicia.
La moral y la ética representan en un primer momento, la reflexión acerca de los límites que separan lo humano de lo inhumano, el hombre de la bestia. En un segundo, cuáles son los valores más loables y cuál es la jerarquía a establecer. Y en un tercero, cuál es el axioma primero. Excepto en el primer estadio, que es un estadio que la sociedad, el clan, el grupo, determina, el segundo y el tercer nivel o se deja al libre albedrío del individuo o se deja a la imposición de instituciones a las que se les ha otorgado la autoridad de determinarlo. Los periodos en los que existe la pluralidad originaria, no fragmentada, y por pluralidad originaria, ilustrada y tolerante, claman y reclaman la autoridad del individuo sobre sus normas morales. Jesucristo fue uno de esos. El único límite que fijó sobre el individuo es el “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Esta frase es la más ilustrada y la más pluralista originaria que uno puede imaginarse. Tolerancia para todas las creencias, para todas las ideas, para todas las posiciones y perspectivas. El amor como límite y como posibilidad. El amor que se recibe de Dios y se devuelve a Dios. El amor que sale de sí mismo hacia el exterior y recibe del exterior. Es el hombre el que examina su corazón y decide si ha actuado correctamente o no. Es decir, si ha llegado al nivel que le corresponde o no. Es verdad que en la parábola de los talentos es el Señor el que decide la recompensa, pero que la decisión de cada uno ha sido individual y bien individual cuando uno le dice: como sabía que eras señor duro y exigente, he guardado mi talento. Sabiendo como sabía que debía responder ante un señor exigente, en vez de invertirlo, lo guarda.
Pero hete aquí que ahora sólo existe un “Nosotros”. El hombre fragmentado, por fragmentado no puede decidir qué hacer en caso de un señor exigente. La moral es siempre una moral externa que le viene en cada momento y en cada situación de ese “nosotros”.
Y ese yo, fragmentado primero, escindido en un “yo” y en un “tu”, primero, transformado después en un “yo soy tú”, hasta quedar ese “yo” y ese “tú” diluidos finalmente en una masa informe y amorfa, conciliada, armonizada, fluyente, en un “nosotros”, ha de mirar si su conducta es moral o no moral, correcta o no correcta, ética o no ética, social o no social, en el espejo deformado y deformante de ese “nosotros” que es quien le aprobara o reprobará su conducta y quién establecerá y fijará la condena.
Hoy en día, quizás siempre excepto en los breves momentos históricos ilustrados y en los escasos refugios que hay y ha habido, el examen del individuo acerca de sí mismo, que le corresponde a él por individuo responsable, se ha trasladado al espejo deformador y deformante del "nos-otros".
Es el espejo quien nos define.
Es el espejo quien nos juzga.
Es el espejo quien nos condena o nos absuelve.
La moral es, en efecto, suprahumana. No porque esté establecida por un Dios, sino porque está establecida por un “nosotros” que supera al individuo mismo. Por edta razón el individuo sólo se considera persona estando integrado, diluido, en ese "nosotros".
Cada individuo de la neo-Iglesia, de cualquier neo-Iglesia, es un sacerdote. Donde está él, como creyente, allí está la Iglesia y allí está el dios Verdad Absoluta del Todo en el Uno y el Uno en el Otro. Pero más aún: allí están todos los demás. Allí está el espejo deformado y deformante del "nosotros", definiendo quién es, determinando quién y cómo es, estableciendo si es top o no es top. Y el nuevo hombre concede al espejo esas prerrogativas porque lo único que desea es fluir, armonizar con el espejo, a fin de estsr en klang, en unísono consigo mismo.
Ironía de ironias: en un mundo aristotélico y cuántico, en constante movimiento y en constante combinación, el individuo alcanza el unísono consigo mismo, después de que ha alcanzado el unísono con el espejo deformado y deformante del "nosotros".
Ironía de ironias: se critican las proyecciones y se busca y se acepta lo que declara el reflejo del "nosotros". Creo que llegados aquí se impone una aclaración lingüística. La mayoría de los lectores oponen el concepto de igualdad al de desigualdad.
Esta oposición, sin embargo, es falsa.
En primer lugar:
Lo contrario de igualdad no es desigualdad, sino diferente.
En segundo lugar:
Lo contrario desigualdad no es igualdad sino justo, o justicia, como ustedes prefieran.
Es precisamente el empleo de la oposición falsa "igualdad<> desigualdad" y el deseo de superarla lo que lleva a muchos a soñar con espejos deformados y deformantes que digan y repitan "yo soy tú ". Es el mismo empleo de la oposición falsa la que lleva a muchos a soñar con clones y similares. La misma oposición falsa "igualdad<>desigualdad " la que permite a muchos a alzarse con el Poder y las riquezas, ya sea por intentar anularla como por intentar defenderla.
Se hace necesario recordar que:
Lo contrario de igual es diferente
Lo contrario de desigualdad es justicia.
Ésta es, en mi opinión, una de las pocas llaves que tenemos para salir de la sala de los espejos deformados y deformantes.
**********
He tardado mucho tiempo en comprender por qué aquella persona finalizó la conversación tan abruptamente. De repente, alguien como yo, una insignificante bruja ciega acompañada de una estrella la estaba sacando de la sala de los espejos deformados y deformantes en la que se encontraba. De repente le estaba mostrando que los espejos en los que se miraba y a los que tanto admiraba eran simples fragmentos de una unidad quebrada. La chica delgada que en el espejo se ve gorda, es la misma chica que piensa que es asocial e insocial porque prefiere quedarse en casa tocando el piano en vez de ir a la discoteca. La chica delgada a la que las otras chicas llaman anoréxica y cree que, en efecto, es anoréxica es la misma chica que teme ser cancelada o considerada out o weird, si dice que lee algo que la neo-Iglesia a la que pertenece o quiere pertenecer o cree pertenecer considera reprobable. La auto censura, el constante predicamento a los otros cuando esos otros dicen algo intrascendentalmente banal y por banal seguramente impropio e incluso socialmente incorrecto para esa neo-iglesia, se han convertido en actitudes normales.
FALACIAS DE LA NEO POSTMODERNIDAD
Repercusiones de lo que acabo de escribir para la política-filosófico de la
neo posmodernidad cyberpunk actual.
Estructurar todo el contenido de lo que voy a decir a continuación me va a
llevar mucho tiempo, más del que yo, francamente, desearía. No obstante, me
parece apuntar algunas observaciones que, al menos a mí, me parecen de
trascendental importancia.
En primer lugar, parece cosa indiscutible que nos encontramos en lo que se
ha dado en llamar “Postmodernidad”, “New Age”, “Era acuariana”, etc. Con
independencia del término que se le desee aplicar, el consenso general es que
se trata de una época en la que las categorías, las divisiones, las estructuras
se caracterizan por tener una naturaleza líquida. Por tanto, pretender
determinarlas representa el deseo de limitarlas, lo cual es una postura
sumamente totalitarista puesto que su naturaleza líquida implica justamente la
ausencia de límites. Ello significa que las divisiones clásicas de hombre y
mujer encorsetan al individuo, tanto como los nombres encorsetan a los
conceptos y éstos, a su vez, encorsetan al pensamiento. Consiguientemente, del
mismo modo que la sexualidad de un individuo posee una naturaleza fluida, los
conceptos pueden ser denominados de diferentes maneras y formas. Más aún, los
conceptos mismos no están sujetos a determinación alguna; por lo que su significación
última es siempre susceptible de cambio y modificación. La interpretación es
una herramienta constantemente utilizada, pero es un instrumento de “usar y
tirar”, por así decirlo. La interpretación de un concepto es solamente posible
para un momento, pero no para el momento siguiente que, por fluido, puede
haberse transformado en algo completamente diferente del momento anterior.
En segundo lugar, justamente por esta característica esencial de la
postmodernidad consistente en ser fluida, carente de límites es por lo que se
puede afirmar la frase “Yo soy tú”. que tantos dolores de cabeza produce a los
que, como yo, pertenecemos a eso que se puede considerar la Ilustración
clásica.
En tercer lugar, y siguiendo adelante con nuestras reflexiones, puesto que estamos
en la Postmodernidad, que es fluida y sin límites y en la que se puede decir “Yo
soy tú”, habremos también de aceptar que desde el punto de vista político la
existencia de una diferencia entre “izquierda” y “derecha”, es un absoluto
imposible. Del mismo modo resulta un imposible distinguir entre “capitalismo” y
“anticapitalismo”.
Aceptémoslo: En la Postmodernidad cualquier posible separación es una
incongruencia en sí misma.
Así pues, llegamos a la PRIMERA FALACIA DE LA POSTMODERNIDAD ACTUAL.
DECLARAN MUERTO A DIOS
DECLARAN MUERTO AL LOGOS:
CON ELLO DECLARAN MUERTO AL CRISTIANISMO Y A OCCIDENTE, PUESTO QUE ES AL
DIOS DE ABRAHAM Y AL LOGOS OCCIDENTAL AL QUE SE REFIEREN CUANDO DECLARAN MUERTO
A DIOS Y AL LOGOS:
NIEGAN LAS CATEGORÍAS FILOSOFICAS. Destrozan al ilustrado Kant y de paso, a
Newton, puesto que Kant se apoyó en él.
Ninguna objeción a ninguna postura filosófica siempre y cuando esté bien
asentada argumentativamente hablando, pero
MANTIENEN LA DIFERENCIA ENTRE CAPITALISMO Y ANTICAPITALISMO
MANTIENEN LA DIFERENCIA ENTRE IZQUIERDAS Y DERECHAS.
AQUÍ ES DONDE SE ENCUENTRA LA PRIMERA FALACIA DE LA POSTMODERNIDAD ACTUAL.
En este sentido debo decir que NICK LAND es, de todos los representantes de
la postmodernidad actual, el único que ha captado esta falacia y la ha
superado. De la posición política de la extrema izquierda ha pasado a la posición
política de la extrema derecha. Y es muy posible que en algún momento de su
vida vuelva a las posiciones políticas de extrema izquierda. ¿Por qué? Porque
justamente en eso se basa el pensamiento postmoderno: en la ausencia de
límites. Por eso mismo puede transformarse en espejo del otro. Y por eso,
también, puede afirmar “yo soy tú”.
HAY UNA SEGUNDA FALACIA PRODUCTO DE INTENTAR SOLUCIONAR LA PRIMERA FALACIA
Puesto que no es difícil comprender que existe una gran contradicción entre
el pensamiento postmoderno y el mantenimiento de dicotomías tales como “izquierda”
/ “derecha”, al hablar de política y de “capitalismo” /” anticapitalismo” a la
hora de referirse a la economía, la neo-postmodernidad introduce un nuevo
concepto: EL CONCEPTO DE LÍMITE
EL CONCEPTO DE LÍMITE EN LA NEO POSTMODERNIDAD VIENE DADO POR LA SEPARACIÓN
ENTRE DENTRO/AFUERA. Dentro o afuera ¿de qué? Dentro de la naturaleza líquida o
fuera de la naturaleza líquida.
Todo lo que no está dentro de la naturaleza líquida, está afuera. Es decir:
en la zona sólida.
De ahí provienen esas divisiones que se están introduciendo de varias
maneras entre “Pueblos del mar” y “Pueblos de la Tierra” y similares.
ASÍ PUES ESTA SEGUNDA FALACIA DE LA NEO-POSTMODERNIDAD SE APOYA EN LA INTRODUCCIÓN
DE LÍMITES: “TODO ES FLUIDO EXCEPTO LO QUE ES SÓLIDO Y ESTÁ EN TIERRA, PORQUE
ESO SE ENCUENTRA AFUERA”.
En este momento la postmodernidad deja de ser postmodernidad para
convertirse en una “Ilustración Oscura”.
Es así donde nos encontramos ante la siguiente disyuntiva:
O LA POSTMODERNIDAD ES UN TODO
O LA POSTMODERNIDAD ES UNA DICOTOMÍA DENTRO/AFUERA
-
SI LA
POSTMODERNIDAD ES UN TODO, SE ESTÁ CONTRADICIENDO A SÍ MISMA DE FORMA PELIGROSA.
Esta contradicción no es de carácter
dialéctico. El movimiento de este tipo de contradicción es de auto-destrucción
y auto-aniquilamiento. Pero en tanto que todos estamos dentro de él, la
aniquilación será total.
-
SI LA
POSTMODERNIDAD ES UNA DICOTOMÍA DENTRO/AFUERA ES UN MOVIMIENTO MANIQUEISTA.
Al final la cuestión de la postmodernidad y de la neo-postmodernidad es en última
instancia una cuestión de Poder y Control.
¿Comprenden ahora por qué Foucault es el último de los iniciados, aunque sea
un iniciado sin maestro?
Continuará.
REFLEXIONES ÚLTIMAS
Los individuos prefieren ser inquisidores que herejes; prefieren ser antes psicólogos que enfermos mentales; prefieren ser aceptados que cancelados.
Más allá de las neo-Iglesias no quedan más que puntos sueltos, disgregados.
Como muy bien supo ver Aristóteles: o bestias, o dioses.
Y entre las bestias y los dioses: las pitias, los eremitas, los herejes, las brujas ciegas con la estrella.
Entre las bestias y los dioses: los sin tierra y los sin mar. Ni del Pueblo de la Tierra, ni del Pueblo del Mar. Los condenados. Los malditos. Los errados que por haber errado caminan errantes, buscando un pueblo en el que asentarse, sin encontrar ninguno.
Dios, el verdadero Dios, les acoja al final de sus días, para que puedan disfrutar de la Paz eterna como individuos perteneciendo al Cosmos.
Isabel Viñado Gascón
Nota
Escribir este artículo me ha llevado mucho tiempo. Normalmente, suelo publicar directamente todo lo que escribo a la velocidad del pensamiento. Este ha necesitado más tiempo porque la complejidad del tema me asusta incluso a mí. No hubiera querido escribirlo. Pero tenía que poner en orden mis ideas. Me he obligado pues a terminarlo. Continuaremos con nuestras reflexiones en comentarios posteriores acerca de obras de autores que se ocupan de este tema. En mente tengo a Deleuze y a Nick Land y su "Ilustración Oscura"
No es la primera vez que lo advierto: soy consciente de que mis artículos son muy largos. Excesivamente largos. No es algo que Google aprecie.
Por otra parte, están escritos a la velocidad del pensamiento, así que no quiero ni pensar la cantidad de faltas de gramática y de puntuación que muchos de ellos contienen en su interior. Si a todo esto le añadimos la dificultad que mis estructuras mentales a la hora de ser comprendidas en su justa medida, la posibilidad de que alguien me lea es, realmente lo es, muy reducida.
Pueden imaginarse, pues, cuál no sería mi sorpresa cuando poco antes de Navidad mis blogs, todos mis blogs, comenzaron a ser leídos por docenas.
Hasta Navidad yo me había sentido realmente feliz de saber que al menos un par de personas-lectores leían lo que yo escribía y les estaba profundamente agradecida por no depositar ningún comentario a lo que yo escribo. Porque, francamente, ¡a lo que yo escribo se les puede añadir tantos comentarios! ¡Cómo si no estuviera acostumbrada a que los lectores lleguen a conclusiones e interpretaciones distintas de las que yo mismo he llegado! ¡Cómo si no estuviera acostumbrada a que todo lo que digo, justo porque lo digo y lo escribo como lo digo y lo escribo, no sea constantemente matizado, puesto en duda, malinterpretado o interpretado hasta posiciones extremas que yo ni siquiera soy consciente de que existan!
Pues bien: desde Navidades he comprendido que además de lectores humanos hay una serie de centros de data de este mundo, repartidos por Singapur, Hong Kong, Holanda, que aspiran mis artículos. No sé para qué, la verdad. La amable KI me dijo que para tenerlos. Como los tendría una biblioteca, dijo KI. No seguí hablando con una KI que se cree más lista de lo que es.
Asegura que esos centros se comportan como si fueran una biblioteca, que no lee los libros que allí se contienen
¡¿Pero qué diantres dice?! La biblioteca tiene muchos libros, en efecto. La biblioteca no lee los libros que se contienen en sus estantes, en efecto. PERO, y éste PERO es un gran, enorme, gigantesco PERO, los libros que se contienen en una biblioteca están catalogados. De manera que cualquiera que vaya allí y busque un libro determinado lo encuentra al instante. A estas alturas mis artículos deberían estar catalogados. ¿Dónde? Es un misterio. KI ignora mi nombre. KI no sabe nada de mis artículos. KI sin embargo es la que está aspirando mis artículos. Centros de datos que aspiran lo que encuentran en internet, pero que dejan sin catalogar aquello que aspiran. O es un caos de información o es que Internet va a desaparecer y quieren guardar todo lo que se pueda. Tiempo habrá para después ordenarlo.
En fin, sea lo que sea, comprendo, he comprendido finalmente, que cada vez que he escrito “ustedes comprenderán”, era además de a ustedes, lectores humanos, a los centros de datos a quien se lo enviaba. Ironía de ironías todo es ironía.
Isabel Viñado Gascón